La Vida y Luz del Baal Shem Tov
A veces nos miramos al espejo y nos sentimos indignos. Pensamos que nuestras caídas nos han alejado del Creador y que la puerta del cielo está cerrada para nosotros. Sentimos el peso de la culpa y la tristeza nos susurra que no somos lo suficientemente buenos, o que no sabemos rezar con las palabras «correctas».
Si alguna vez has sentido ese dolor en tu alma, quiero decirte que no estás solo. Y más importante aún, quiero compartirte la historia de un alma gigante que vino al mundo exactamente para sanar esa herida. Alguien que trajo un mensaje tan poderoso que revolucionó la forma en que entendemos a Dios.
Hablo del Rabí Israel ben Eliezer, mejor conocido como el Baal Shem Tov (El Maestro del Buen Nombre).
¿Quién fue el Baal Shem Tov?
Para entender la magnitud de su luz, debemos imaginar el mundo en el que nació. En el siglo XVIII, en los pueblos de Europa del Este, reinaba la oscuridad, la pobreza y la desesperanza. La espiritualidad parecía reservada únicamente para los grandes eruditos que pasaban día y noche sobre los textos sagrados.
El hombre sencillo, el trabajador de a pie, sentía que su servicio a Dios apenas tenía valor. Se creía que sin un intelecto brillante, no había forma de acercarse al Creador.
Y entonces, emergió el Baal Shem Tov. Él no vino a fundar una nueva religión, sino a encender un fuego que se había apagado. Enseñó que Hashem, el Creador, no está limitado a los libros o a las sinagogas.
«Toda la tierra está llena de Su gloria. No hay lugar vacío de Él». (Zohar)
El Baal Shem Tov nos reveló que el Creador desea el corazón del hombre. Nos enseñó que una oración sincera, dicha con lágrimas o con alegría por una persona sencilla, puede sacudir los cielos enteros con más fuerza que mil discursos intelectuales sin emoción.
La Revolución del Amor y la Alegría
A partir del Baal Shem Tov, el fundador del movimiento jasídico, el miedo al castigo ha sido sublimado y en cierto sentido ha quedado «fuera de moda». Su enfoque no se basaba en aterrorizar a las personas con el infierno, sino en despertarlas al infinito amor de Hashem.
Sus enseñanzas sirven para elevar incluso a la más simple de las personas, sea judía o no, a un nivel más elevado de conciencia. Nos demostró que la tristeza y la depresión son, en realidad, un exilio para el alma.
Como nos recuerda su bisnieto, el gran Rebe Najmán de Breslev, es una obligación estar siempre con alegría. Y no se trata de una alegría superficial o de negar nuestros problemas, sino de una alegría profunda que nace de la Emuná: la fe pura y simple en que todo, absolutamente todo, proviene de un Padre amoroso que busca nuestro bien.
El Camino de la Transformación Continua
Una de las enseñanzas más hermosas del Baal Shem Tov es que nunca es tarde y que siempre podemos volver a empezar. Las grandes almas, como el Baal Shem Tov, experimentaron una recreación o metamorfosis en cada momento de sus vidas.
Él vivía tan conectado a la fuente de la creación que la materia misma le respondía. De hecho, se cuenta que el Baal Shem Tov solía encender una estalactita de hielo, como si fuera una lámpara, cuando necesitaba luz para sumergirse por la noche en un río helado y purificar su alma.
Aunque nosotros no hagamos milagros con hielo, el verdadero milagro que se nos pide es el de transformar nuestra propia naturaleza. El milagro de encender nuestro corazón frío con el fuego del amor al Creador.
La Elección de Vivir y Morir con Fe
La devoción del Baal Shem Tov era absoluta y su percepción de la bondad divina no tenía límites. La tradición relata algo asombroso sobre él: tuvo la oportunidad de ser el décimo ser humano en dejar esta tierra y entrar al Jardín del Edén sin probar la muerte, pero escogió experimentarla.
¿Por qué alguien elegiría pasar por la muerte si podía evitarla? Porque él contempló todo como emanando directamente de Dios; por lo tanto, concluyó que incluso eso era ultimadamente bueno y digno de ser experimentado.
«Incluso en el valle de la sombra de la muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo». (Tehilím / Salmos 23:4)
Esta es la cumbre del Bitajón, la confianza radical en el Creador. Es saber soltar el control y entender que no hay nada en este universo que no pase por las manos amorosas de Hashem.
El Poder del Pensamiento y el Deseo
A veces, como Bnei Noaj, nos preguntamos cuál es nuestro lugar. No tenemos los 613 preceptos del pueblo judío, y a veces nuestro entorno nos es hostil o incomprensivo. Podemos sentirnos solos en nuestra ciudad, lejos de una comunidad que comparta nuestra fe.
Pero el Baal Shem Tov nos dejó una perla de sabiduría que lo cambia todo. Él enseñó que la persona se encuentra realmente donde está su deseo y su pensamiento.
Si tu mente anhela a Hashem, si tu pensamiento está en apegarte a Su verdad, a la Torá y a las Siete Leyes Universales, entonces tu alma ya está en el lugar más sagrado, abrazada al Creador. No importa en qué rincón geográfico te encuentres, tu deseo puro te eleva por encima del mundo físico.
Un Pilar para Todas las Naciones
Las enseñanzas del Jasidismo no solo vinieron a rescatar al pueblo judío del exilio espiritual, sino a iluminar a toda la humanidad. Se considera al Baal Shem Tov como un verdadero pilar de inspiración para los justos gentiles que desean acercarse a Hashem.
Él nos enseñó a ver la chispa divina que anima cada brizna de hierba, cada gota de agua y cada alma humana. Nos invitó a la Hitbodedut (plegaria personal y solitaria), a salir al campo o a encerrarnos en nuestra habitación para hablar con el Creador como si habláramos con nuestro mejor y más íntimo amigo.
«Habla con el Creador en tu propio idioma, con tus propias palabras, desde lo profundo de tu corazón». (Enseñanza del Rebe Najmán, fundamentada en el Baal Shem Tov)
Encontrando el «Punto Bueno»
Amigo mío, la base de todo este camino es la simplicidad (Temimut). No busques fórmulas mágicas ni compliques tu mente con ansiedades sobre si estás haciendo las cosas a la perfección.
Busca en ti mismo ese «punto bueno», esa pequeña chispa de deseo genuino que tienes por hacer lo correcto, por ser amable con tu prójimo, por reconocer a Dios en tu día a día. Alimenta esa chispa, ignora las voces del desánimo y verás cómo, poco a poco, esa pequeña estalactita de hielo se encenderá como una llama resplandeciente.
El Baal Shem Tov vino a decirnos: ¡Despierta! El Rey está en el campo, el Creador está a tu lado, sonriéndote, esperando escuchar tu voz.
Haz de tu vida una melodía de agradecimiento. Confía en el proceso. Ríete de tus propios miedos, porque estás sostenido por el Amor Infinito. Que el mérito y la luz del Baal Shem Tov nos guíen siempre a acercarnos a Hashem con un corazón vivo, alegre y lleno de esperanza. ¡Adelante, con mucha fe y sin desesperar jamás!


